Pepe Torrens

Me gusta como se te mueve el culo cuando caminas.

2/5/14

ECOFIN en el Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social

ECOFIN en el Centro Interamericano de Estudios de Seguridad Social

Y sin embargo aquí estoy, recostado en mi colchón, y, con aires de grandeza en mi interior.

Hace algunos ayeres

Hace algunos ayeres

Tomé todo lo que había en la mesa, cerillos, cigarros y dinero, me lleve un cenicero y unos fondos de 100 años, camine por Viaducto con dirección a su casa. Pensé en esa canción estúpida y sin ritmo que escribí mientras ella se quitaba el sabor de mis besos con bálsamo de miel y unos tragos de licor barato.

Esperaba que lloviera, al apagar la luz me calmaba, escuchaba su risa, sentía sus caricias. Me enseñó a bailar, a desenredar luces de navidad. Cuatro meses de caos se convirtieron en un cosmos acompañado de una charla a medio andar, una botella de tequila y un beso jamás robado.

Busque el número del lugar. Era una calle con arbustos y arboles sin podar, cuando encontré el edificio me pare enfrente, apague con la suela de mi zapato el cigarro que tenía en mis dedos, y grité desde la calle. No había timbre.

Era un edificio de los cincuentas. Él vivía en el último piso. Mientras subíamos me platicaba de su nuevo trabajo, no ponía atención, pensaba en ella ¿a qué hora llegará?, ¿vendrá? No noté cuando llegamos a su departamento.

-¿Te ofrezco algo?
- Voy a esperar a que llegue. 

Se sentó junto a mí y me dio un beso en la mejilla. Después me pidió que la llevara a su casa, salimos del departamento y me tomo de la mano, me llevo hacia la azotea. Entramos a escondidas.

Abrió la puerta, subimos el ultimo escalón y por fin estábamos solos, ella y yo entre la noche, la magia y la luna. Recordé el día que la conocí, fue un miércoles por la mañana mientras caminaba por Insurgentes.

Se acerco para hablarme al oído, pidió que viera a las estrellas. Cuando levante la cabeza empezó besar mi cuello, su lengua paseaba junto a mi collar. Era un silencio magnifico, todo podría pasar.

Tome sus manos mientras volvía la mirada al suelo, nuestros ojos se cruzaron en el andar, por segundos el tiempo corría al ritmo de su pestañeo. Sus ojos color miel inmortalizaron el momento, sin hablar dijo bastante.